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Soltando heridas: La ira 

¿Qué es la ira? La ira es una emoción fundamental que cumple una misión importante. Nos permite mantenernos a salvo, establecer límites y proteger nuestra integridad. Pero cuando experimentamos esta emoción con frecuencia y de manera desmesurada, aparecen los problemas.

Aumentan los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares y digestivos. Willian Shakespeare definía la ira como un veneno «La ira es un veneno que se toma esperando matar a otro».

La ira 1La ira surge cuando nos creemos un pensamiento. Es decir, optamos por creernos un pensamiento negativo y distorsionamos la realidad.

Esta emoción surge cuando las cosas no son como nosotros queremos que sean. Intentamos cambiar la realidad y cambiar a los demás, y cuando no es como nosotros tenemos idealizado, surge ese pensamiento, que empezamos a creernos y a enfadarnos y desde el dolor emocional comienza a crecer hasta llegar a su máxima intensidad.

Realmente intentamos herir a otros, pero en realidad nos hacemos daño a nosotros mismos. Y cada vez que alimentamos la ira, vamos generándonos un dolor emocional en nuestro interior.

A continuación te dejo un cuento infantil, que nos ayuda a comprender el daño emocional que nos puede causar la ira a nosotros mismos, al igual que las personas cercanas con las que derrochamos esa ira.

 

«El niño y los clavos»

Existe un cuento infantil «El niño y los clavos» que nos narra la historia de un niño con mal carácter, lleno de ira e irrespetuoso las personas, con sus amigos e incluso con sus propios padres.

Cansado de su mal carácter, un buen día su padre le da una bolsa con clavos y le impone la tarea de clavar un clavo en una cerca de madera cada vez que él se sintiera enfadado.

El primer día, el pequeño ya había clavado 37 clavos en la cerca de madera, sin embargo, en los días siguientes esta cantidad fue disminuyendo considerablemente. El niño se dio cuenta entonces, que lo más correcto era controlar su ira en lugar de continuar clavando clavos.

A continuación el niño fue con su padre y le entregó la bolsa con clavos diciéndole que se sentía feliz y que ya no era necesario seguir haciendo esa tarea.

Su padre le felicito, sin embargo le indicó que cada vez que controlara su mal carácter, el debía sacar uno de los clavos que antes había clavado. El niño lo hizo y al terminar, volvió al lado de su padre.  Su padre le dijo que a pesar de haber trabajado duro para clavar y quitar los clavos de la cerca, los agujeros no desaparecerían.

El niño entonces aprendió que cualquier cosa que haga o diga con mal carácter o ira, dejará huella tal como los agujeros en la madera.

A modo de moraleja, cada vez que sufras ira, puedes pensar que le haces daño a los demás, pero en realidad te haces daño a ti mismo.

 

Causas de la Ira

Durante toda nuestra vida, nos inculcan una serie de creencias limitantes y cuando no conseguimos hacer las cosas como tenemos idealizadas, o no ocurren como nosotros queremos surge la ira. Algunas de estas causas son:

Perfección

La mayoría de las personas, desde pequeñas crecemos con la creencia que tenemos que ser perfectos en todo. Crecemos con la creencia o necesidad de que todo lo tenemos que hacer perfecto, que somos perfectos, que nuestra vida ha de ser perfecta, es una de las creencias que nos hacen daño, cuando no podemos controlar las situaciones.

Todos nos equivocamos, y no pasa nada. Errar es humano. No somos perfectos, y nos tenemos que caer mil veces para volver a levantarnos. No todo se nos tiene porque dar perfecto. Siempre podemos aprender a ir mejorando en cuestiones que no se nos den tan bien.

Autoexigencia

La sociedad nos impulsa a ser competitivos, para ello nos autoexigimos para dar lo máximo de nosotros. En muchas ocasiones, hacemos cosas porque los demás lo hacen… escucha a tu cuerpo, se comprensivo contigo mismo y haz realmente lo que te apetezca hacer.

Para realizar ciertos objetivos debes sentirte motivado, si algo no te motiva, lo harás por obligación y te irá causando un dolor emocional que conllevará con el paso del tiempo a la ira.

Egocentrismo

Pensamos que todo gira a nuestro alrededor, y que las personas deben ser como nosotros queremos que sean, pero ¿qué pasa cuando no es así? Terminamos por frustrarnos. Aprende a respetar a los demás, no intentes cambiar a nadie, trabaja en tu interior para cambiarte a ti. Tienes suficiente con tu vida, deja la de los demás y preocúpate por ti.

Insatisfacción

Cuando no te sientes satisfecho o satisfecha con algún aspecto de tu vida, eso implica que estás haciendo una valoración negativa sobre lo que ocurre y te enfocas en lo que quisieras realmente tener, vivir o experimentar. Cuando no ocurre lo que realmente quieres tener, vivir o experimentar, te conlleva a la amargura. Cuando estás amargado o amargada sientes ira.

 

Gestionar la ira

Reconocer la ira

Reconocer que sentimos ira en nuestro interior. Todos tenemos la emoción de la ira en nuestro interior, al igual que tenemos la de la serenidad. Reconocer que en un momento dado sentimos ira, es el primer paso para poder gestionarla.

Asumir nuestra responsabilidad

Asumir la responsabilidad de nuestros actos y dejar de echar la culpa a todos los demás, o al mundo exterior, es un paso en la gestión de la ira.

Si asumes la responsabilidad, te darás cuenta que te enfadas porque te lo permites, aprenderás a ir dejando la ira a un lado. La culpa de enfadarte no es de los demás, es solamente tuya.

la ira 2Observar desde la distancia

Haz un ejercicio de imaginación. Imagina que estás en el cine y en la pantalla aparece la situación que te ha provocado
la ira. Observa la imagen, y plantéate ¿en realidad era una situación tan grave? o ¿era una distorsión de tu realidad en ese momento? Aprender a observar desde la distancia, nos puede ayudar a que en otras ocasiones actuemos de una forma diferente.

No luches en contra de tus emociones, entiéndela pero no sufras con ella. Comprendo que estoy enfadado, pero no voy a permitirme sufrir con esta emoción.

Aceptación

Acepta que eres un ser humano, y como tal sientes muchas emociones, tanto positivas como negativas. La ira, es una emoción, tu decides si la quieres aceptar y que siga su camino, o por el contrario quieres luchar en contra de ella. Yo te recomiendo que no luches en contra de tus emociones, si no que aprendas a aceptarlas.

Autoconocimiento

Sentarte contigo mismo, y ser consciente de los motivos que te generan ira. Pregúntate por que los sientes, intenta observar de donde vienen. Deja de tomarte en serio todo, no sirve para nada. A veces de un grano de arena hacemos una montaña y no merece la pena.

 

Fábula de «El regalo»

En esta ocasión te voy a dejar una fábula zen que nos ayuda a comprender muchas de las emociones que sentimos, y echamos la culpa a los demás o al exterior de que nos causan esas emociones. Solo tú decides lo que te afecta del mundo exterior.

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo pero Buda se mantuvo en un estado imperturbable de serenidad y silencio.

Cerró los ojos y aguantó que le insultaran sin moverse. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.

Sus discípulos se enfadaron y le dijeron:

– Maestro, ¿por qué dejaste que esos hombres te insultaran sin decir nada?

Buda entonces miró a uno de ellos y preguntó:

– Si yo tengo un caballo y te lo regalo, pero no lo aceptas, ¿de quién es el regalo?

El discípulo respondió:

– Si yo no lo acepto, seguiría siendo tuyo…

–Lo mismo ocurre con las ofensas. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no recoger. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.

Moraleja

Solo tú decides si aceptas o no las ofensas de otros y si te permites sentir ira, enfado o frustración por esas ofensas.

 

La emoción contraria a la ira es la serenidad. Ambas emociones las contienes en tu interior. Ahora y desde tu libre albedrío, tu decides ¿qué prefieres alimentar? ¿la ira o la serenidad?

 

«La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte»

Séneca

 

 

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